Blythe: A ver, pero fíjate en esto, Nia. Si Melkor esparce su poder por todo el mundo para corromperlo, eso tiene que tener un costo para él, ¿no? O sea, no puedes simplemente inyectar tu "maldad" en cada montaña y cada valle sin quedarte un poco vacío por dentro. Me recuerda mucho a lo que pasa en The Invisible Life of Addie LaRue con ese trato con la oscuridad; hay un precio terrible por querer dejar una marca permanente en el mundo.
Nia: Tiene todo el sentido del mundo. De hecho, lo que le pasa a Melkor es un proceso de involución metafísica fascinante. Al principio de los Días Antiguos, él podía cambiar de forma a voluntad, como cualquier otro Vala. Podía ser una nube, una columna de fuego o un gigante de hielo. Pero a medida que fue gastando su poder para corromper la materia de Arda, para crear orcos o levantar las Thangorodrim, fue perdiendo esa capacidad. Terminó quedando atrapado en un cuerpo físico, un cuerpo que además era horrible y que ya no podía sanar de sus heridas.
Blythe: Oye, pues sí, es como una paradoja. Quieres controlar la materia y terminas siendo esclavo de ella. En Vathek, el protagonista también busca un poder prohibido, ese acceso a los tesoros del fuego pre-adamita, y termina en un infierno donde su corazón arde para siempre. Melkor pasa de ser el espíritu más poderoso después de Eru a ser un tirano asustado que no se atreve a salir de su fortaleza subterránea. ¿Pero qué pasa con los otros Valar? ¿Ellos también se "gastan" al interactuar con el mundo?
Nia: Mira, hay algo clave aquí. Los Valar no buscan dominar la materia, sino preservarla y embellecerla en nombre de Eru. Sin embargo, también hay un desgaste, pero de un tipo diferente. Lei por ahí que su poder se vuelve más "estático". Al principio eran como arquitectos activos, moviendo continentes y encendiendo lámparas gigantes. Con el tiempo, se van retirando a Valinor, como si el mundo exterior ya estuviera demasiado contaminado por el eco de Melkor como para que ellos puedan actuar sin romper nada más. Es lo que vemos en Paradise Lost, donde la caída de los ángeles y del hombre crea una brecha que parece insalvable entre lo divino y lo terrenal.
Blythe: Eso me hace pensar en la diferencia entre el tiempo en Valinor y el tiempo en la Tierra Media. Porque si Valinor es el reino de los Valar, ¿allí la metafísica funciona diferente? O sea, ¿allí la materia sigue siendo "pura" como en la canción original?
Nia: Qué buena observación. En Valinor, la presencia física de los Valar y la luz de los Dos Árboles creaban una especie de burbuja de eternidad. El tiempo allí no es que no pase, es que no "marchita". Es una distinción que Tolkien hace muy bien: el cambio no es lo mismo que la decadencia. En las Tierras de los Elfos en los Días Antiguos, las cosas cambian, crecen y florecen, pero no mueren de la forma en que lo hacen en el resto del mundo. En cambio, en la Tierra Media, bajo la sombra de Melkor, el tiempo es una fuerza erosiva. Es como en Berserk, donde el mundo de los sueños y la realidad física empiezan a solaparse, y esa interferencia crea monstruosidades y una sensación de desesperanza constante.
Blythe: Entonces, los Días Antiguos son básicamente el periodo donde estas dos realidades —la puramente espiritual y la material corrompida— están chocando de frente. No es como ahora, que todo parece tan "normal" y aburrido. En ese entonces, podías encontrarte con un espíritu de la naturaleza o un demonio de fuego en el jardín de tu casa.
Nia: Tal cual. Lo que pasa es que la "densidad" de lo sobrenatural era mucho mayor. Fíjate que en los textos de Orishas, Goddesses, and Voodoo Queens, se habla de cómo las deidades no están "allá arriba", sino que habitan en elementos específicos: el trueno, el mar, el hierro. En los Días Antiguos de Arda, eso era una realidad literal. Ulmo, el Vala del agua, realmente estaba en todas las venas de la tierra. Si escuchabas el sonido de un río, podías recibir un mensaje directo de él. La metafísica no era algo que estudiabas en un libro, era algo que respirabas. El problema es que, al estar Melkor tan metido en la "masa" del mundo, cada vez que un Vala intentaba intervenir, era como intentar operar un tumor sin dañar el tejido sano. Por eso la lucha se volvió tan larga y tan costosa para todos.