5
El cóctel de la conducta: Agresión, amor y otras drogas naturales 14:29 Blythe: A ver, Nia, ya que estamos hablando de cómo las hormonas nos manejan como títeres, hablemos de lo que nos hace "saltar". Porque hay días en los que me siento como una monje budista y otros en los que me pica todo y saltaría a la mínima. ¿Es solo testosterona o hay algo más en ese caldero?
14:47 Nia: ¡Oye, pues sí! La testosterona siempre se lleva la fama de ser la hormona de la agresión, pero fíjate que la cosa es más sutil. En realidad, las hormonas no "causan" el comportamiento, lo que hacen es cambiar la probabilidad de que respondamos de una forma u otra a lo que nos pasa. Es como si subieran o bajaran el volumen de nuestras reacciones.
15:09 Blythe: Me gusta esa imagen. O sea, que la testosterona no me obliga a gritarle al de la ventanilla, pero si está alta, igual me apetece más hacerlo.
0:53 Nia: Tal cual. Y ojo, que no es solo cosa de hombres. Las mujeres también tenemos testosterona y nos afecta. Pero fíjate en lo que dicen algunos estudios sobre el "arousal" o nivel de activación. Hay cinco neurotransmisores clave -- noradrenalina, dopamina, serotonina, acetilcolina e histamina -- que regulan qué tan alerta estamos. Cuando estos están a tope, cualquier estímulo, incluso un olor o un ruido, puede desencadenar una respuesta defensiva o agresiva.
15:51 Blythe: ¿Y qué pasa con la oxitocina? Porque siempre nos la venden como la hormona del amor y los abrazos, pero me da que tiene su lado oscuro, ¿no?
16:00 Nia: Sabes que? Nunca lo había pensado así, pero tienes razón. La oxitocina es la hormona del "nosotros". Nos hace ser supercariñosos con los nuestros, facilita el parto y la lactancia, y crea ese vínculo brutal entre madre e hijo. Pero también puede hacernos más agresivos con los de "afuera" para proteger a nuestra tribu. Es como un pegamento social que, si se usa mal, puede crear barreras.
16:26 Blythe: No me digas... o sea, que el amor y la agresión son como dos caras de la misma moneda química.
13:46 Nia: Exactamente. De hecho, los circuitos del dolor y los del placer comparten vías comunes en el cerebro. Por eso a veces las emociones intensas se sienten casi como algo físico. Y aquí hay algo clave: el efecto activador de las hormonas. A diferencia del efecto organizador que hablábamos antes, el activador es transitorio. Depende de la concentración de la hormona en ese preciso instante.
16:58 Blythe: Como un chute de adrenalina antes de saltar en paracaídas. Entra, hace su trabajo y se va.
17:05 Nia: Eso es. Pero fíjate que este equilibrio es superdelicado. Si tomamos sustancias externas que imitan estas hormonas, como los esteroides anabolizantes que usan algunos atletas, podemos desbaratar todo el sistema. He leído casos de personas que, por usar estos derivados de la testosterona, desarrollan cuadros maníacos o de agresividad incontrolada, y luego caen en depresiones profundas cuando dejan de usarlos. El cerebro se acostumbra a ese nivel tan alto y, cuando le quitas la droga, no sabe cómo funcionar.
17:38 Blythe: ¡Qué peligro! Estamos jugando con el sistema operativo de nuestra personalidad. Pero Nia, me hace pensar en algo... ¿cómo afecta esto a nuestra capacidad de tomar decisiones lógicas? Porque si estoy bajo el efecto de este cóctel, ¿quién está realmente al mando? ¿Mi corteza prefrontal o mis gónadas?
17:58 Nia: Esa es la gran batalla, Blythe. La corteza prefrontal es como el adulto responsable de la casa, el que planifica y pone freno a los impulsos. Pero cuando las hormonas del estrés o las sexuales están muy altas, el control pasa a la amígdala y al sistema límbico, que son mucho más primitivos. Es como si el adulto se fuera a dormir y dejara a un niño de cinco años al mando de los mandos de un avión.
18:23 Blythe: ¡Esa sensación la conozco perfectamente! Sobre todo cuando tengo hambre o no he dormido bien.
18:29 Nia: ¡Es que el hambre y el sueño también son hormonales! La grelina te dice que comas, la leptina que pares... y si esas señales se cruzan con el cortisol, tienes la receta perfecta para una crisis nerviosa por un paquete de galletas. Lo que viene a decir todo esto es que somos seres biológicos mucho más de lo que nos gusta admitir. Nuestra "lógica" suele ser el resultado de cómo nuestras hormonas nos permiten ver la realidad en ese momento.
18:57 Blythe: Pues vaya panorama... Pero bueno, si ya sabemos cómo funciona el teatro, igual podemos aprender a ser mejores directores, ¿no? ¿Qué podemos hacer para que este baile químico no nos arrastre por el suelo?