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La ciencia de la pausa: qué dice el cerebro 14:18 Nia: A ver, Lena, vamos a ponernos un poco "científicas", pero sin pasarnos. He leído que cuando estamos así de ansiosos, el cerebro cambia físicamente. O sea, que no es solo una sensación, es que hay partes de nuestra cabeza que están trabajando horas extra y otras que parece que se han ido de vacaciones.
14:36 Lena: Pues mira, es fascinante. Hay estudios, por ejemplo de la Universidad de Harvard, que muestran que la práctica de mindfulness o atención plena puede cambiar la estructura del cerebro en solo ocho semanas. La amígdala, que es como el detector de humo de nuestro cerebro y donde se procesa el miedo, reduce su volumen. O sea, se hace menos "reactiva".
14:57 Nia: ¡No me digas! ¿O sea que puedes encoger tu centro del miedo? Eso suena a superpoder.
15:02 Lena: Casi, casi. Y mientras la amígdala se calma, la corteza prefrontal, que es la parte encargada de la regulación emocional y de pensar con lógica, se fortalece. Es como si estuvieras yendo al gimnasio mental para que la parte racional pueda hablarle a la parte miedosa y calmarla. Se crea una mayor conectividad entre las regiones que regulan las emociones. O sea, que en lugar de que la ansiedad tome el mando y secuestre todo el sistema, aprendes a observar la emoción desde el control.
15:29 Nia: Me encanta esa imagen del gimnasio mental. Y fíjate que hay un dato de un meta-análisis que me dejó loca: dicen que las intervenciones basadas en mindfulness pueden reducir los síntomas de ansiedad en un 60% de media. ¡Un 60%! Y lo mejor es que los efectos duran muchísimo tiempo después. No es un parche momentáneo, es que estás "re-cableando" tu forma de reaccionar ante el estrés.
15:53 Lena: Es que la diferencia fundamental es cómo procesas el pensamiento. Sin ese entrenamiento, el pensamiento ansioso te parece una verdad absoluta y urgente. "Tengo este miedo, por lo tanto, es real y tengo que actuar ya". Con la atención plena, aprendes a decir: "Noto que estoy teniendo un pensamiento ansioso. Es temporal, es un evento mental, pero no define mi realidad". Es la diferencia entre estar dentro de la tormenta o verla pasar desde la ventana.
16:22 Nia: Oye, y qué curioso lo que mencionabas antes de la meditación basada en la aceptación contra la de la atención. Leí sobre un estudio de 2017 que decía que notar y permitir las sensaciones, sin intentar cambiarlas, funcionaba incluso mejor para la preocupación aguda que solo centrarse en la respiración. Como que el hecho de no luchar contra el pensamiento le quita fuerza.
6:22 Lena: Exacto. Es lo que llaman "hacer espacio" para la experiencia. En lugar de intentar echar al pensamiento preocupante de tu cabeza -- que ya sabemos que solo hace que vuelva con más fuerza --, le dices: "Vale, estás aquí. Te veo, te etiqueto, y te dejo estar ahí mientras yo sigo con lo mío". Es súper contraintuitivo, porque lo que queremos es que se vaya, pero en cuanto dejas de pelear, el pensamiento pierde su combustible, que es tu resistencia.
17:11 Nia: Es como esa metáfora de las nubes, ¿no? Los pensamientos son nubes pasando por el cielo. Tú eres el cielo, no las nubes. El cielo siempre está ahí, tranquilo y vasto, aunque pasen nubes negras o tormentas. Me ayuda mucho pensar que yo no "soy" mi preocupación, sino que soy el espacio donde ocurre la preocupación. Te da un respiro, una sensación de que hay algo en ti que no está ansioso, que es estable.
8:54 Lena: Tal cual. Y fíjate que incluso pequeñas acciones físicas, como la respiración diafragmática, envían señales directas al cerebro para que active el sistema nervioso parasimpático. Es como decirle físicamente a tu cuerpo: "Estamos a salvo, puedes bajar la guardia". A veces intentamos solucionar la ansiedad solo con la lógica, dándole más vueltas, pero el camino más rápido suele ser a través del cuerpo y de esa observación tranquila.