Marx y la trampa del algoritmo
Nia: Jackson, el otro día pedí una cena por una app y me quedé pensando en el repartidor. Hacía un frío tremendo, el chico iba volando con la bici y, al final, me dio las gracias casi con miedo por la propina. Me dejó mal cuerpo, la verdad. O sea, parece que somos súper modernos con los algoritmos, pero se siente como una forma de explotación muy vieja, ¿no?
Jackson: Es que diste en el clavo. De hecho, si hoy Karl Marx levantara la cabeza y viera a un rider o un almacén de Amazon, no se sorprendería tanto. Lo curioso es que solemos ver a Marx como un político con una bandera, pero el tipo era, ante todo, un sociólogo que diseccionó por qué nos sentimos así de desconectados en el trabajo.
Nia: Pero a ver, ¿realmente encaja alguien del siglo XIX con un algoritmo de Uber? Porque ahora nos venden que somos "nuestros propios jefes".
Jackson: Fíjate que esa es la trampa de la que él hablaba. Marx decía que en el capitalismo el trabajador se vuelve un "apéndice de carne" de una máquina. Antes era una sierra de vapor y hoy es un algoritmo que te dicta la ruta por GPS. Al final, da igual si la máquina es de acero o es código invisible; el resultado es la alienación, esa sensación de que tu propio esfuerzo se vuelve algo ajeno que te domina.
Nia: O sea, que lo que sentimos hoy como estrés o vacío laboral no es un fallo psicológico nuestro, sino algo diseñado por el sistema.
Jackson: Tal cual, es una condición objetiva. Para entender por qué nos sentimos así de agotados, hay que empezar por desgranar qué es realmente eso de la alienación y cómo el materialismo histórico explica que nuestra mente depende, básicamente, de cómo nos ganamos el pan.









































